De pequeña mis vecinas, mi hermana y yo inventábamos situaciones en las que cada una de nosotras jugaba un papel… unas realidades protagonizadas por nuestro alter ego. Todas las chicas eran mayor que yo… y con diferencia… obligatoriamente me tenía que inventar algo para estar a la altura… para no tener que conformarme con el papel de “hija de alguien”.
Un día inventé a Margherita. No se como se me ocurrió. Si mi propósito era aparentar ser mayor y entonces más respetable… pues elegir ese nombre no me lo ponía fácil. Para que lo entendáis… para una niña llamarse Margherita en mi tierra es parecido a llamarse Morcilla en Burgos o Paella en Valencia… Aun así elegí ese nombre.
Margherita era: segura de si misma, fuerte, buena, dulce y simpática. Siempre estaba invitando a todo el mundo a tomar café… y tenía un hijo varón (Gianluca) y un marido marino… razón por la que estaba siempre visitando sitios nuevos… “Toma esta sombrillita, te la he traído de China”… le dije una vez a S. ofreciéndole un palillo de estos que se ponen en los “aperitivi”… me la había encontrado por ahí.
Pues a veces pienso que si Margherita pudiese “verme” hoy por una parte estaría orgullosa y por otra me cogería a patadas… Me gustaría invitarla a a tomar café… le preguntaría en donde ha estado metida durante todos estos años y si le queda alguna sombrilla China todavía por regalar.