Ardió la cocina de mis vecinos, tres estudiantes de segundo imberbes y espabilados, y entre una nube de extintores, llamaron a mi puerta asustados y temblorosos.
Yo les ofrecí tranquilidad y tres vasos de agua. Al día siguiente ellos vinieron a darme las gracias y 4 kilos de naranjas de su campo.
Nunca ha habido nada más de verdad.
