Se te quitan las ganas. Pierdes las fuerzas, la esperanza la ilusión. No te apetece hablar, no quieres escuchar, retienes la información por osmosis y en seguida te saturas. Te vuelves insoportable.
Buscas asilo entre los brazos de lo que más te asusta. Buscas a la Soledad, le suplicas que empape tu corazón de indiferencia y egoísmo. Quieres que te haga independiente del resto de los seres humanos. La odias, la evitas, relativizas, levantas cabeza, pero al final siempre acabas llorando en su hombro. Te preguntas: como es posible?
La respuesta es sencilla. Clara como el agua. Realmente no buscas a la soledad. No vas hacía ella. Es que la llevas dentro. Alberga en tu corazón, vive en una herida más antigua de lo que tu mismo puedes imaginar; intentas esconderla, encerrarla… pero ella sube a la superficie con facilidad. Te controla, te hace inestable, te hace huir y te hace más solo todavía. Es un bucle, es una tortura. Es lo que hay.
No intentéis sacarle del bucle, sería como abrir la caja de pandora… dejadle.
LDC
