el final::::::::::: del verano:::::::::::::llegó::::::::::::
riesgo de lluvias en la mitad norte peninsular, la plaza del pueblo se vacía y podemos ir a bailar un rocanrol, desaparece hawaii o el chiringuito que vende alcohol y regala cacahuetes, las camas balinesas vuelven a bali y los niños a la escuela a que les vendan que nuestra democracia es buena (we won’t leave the kids alone), planeta agostini vuelve a sacar el primer fascículo de su curso de inglés sin cinta y con dvd y yo paseo con sonrisas como rodajas de sandía.
este es el mejor momento del año. cuando ya no espero nada, recupero el control (contról) y no dejo sitio a las decepciones. cuando practico tres veces por semana la gimnasia de aceptar las circunstancias, cuando las obras de los vecinos se han terminado y deja de haber martilleo neuronal sobre cómo deberían ser mis cosas, sobre dónde debería estar (¿dónde deberías estar, nena?), sobre cómo debería ser.
pero. eso es imposible en v-e-r-a-n-o. en nochevieja también. cuanta presión para la agenda en blanco, presión presión presión, presión para que me sorprendan momentos salvajes, presión para emborracharme, presión para divertirme. mira que es triste aburrirse y encima sentirse culpable por ello. pero
el final::::::::::::: del verano:::::::::::::: llegó:::::::::::::


