dice la pxxxxxxgía evolutiva, que entre los dos y los siete años el pensamiento de los niños posee rasgos de finalismo, es decir, se basa en un rechazo natural a lo fortuito que nace de la negación inconsciente de la existencia del azar en el universo, al entender que todo está hecho para los hombres y para los niños según un plan establecido y sabio. así, cuando el-gran-pxxxxxxgo-suizo-que-no-era-pxxxxxxgo preguntaba a un niño de seis años por las dos montañas y el lago que abrazan la ciudad de ginebra, él contestaba: hay un Grand Salève para las grandes excursiones y las personas mayores y un Petit Salève para los pequeños paseos y para los niños, y si el lago Leman no llega hasta Berna, es porque cada ciudad debe tener su lago.
en este punto yo trato de volverme re-gresiva y re-versibible, ahogar mi pragmatismo militante, enmarañar con(s)ciencia y profanas convicciones, hacerme un DIY bypass cerebral para ignorar cosas y tratar de seguir esa línea de pensamiento, acostarme esta noche creyendo que sí, que es por algo, que esto no puede ser gratis, que esto no es porque sí, que hay razones y francesa razón cartesiana, que sí, que sí, que sí, que hay una finalidad perfecta y oculta en este interminable verano fatal.
