Llega a casa con los pies más hinchados que los de una camarera de un bar de tapas de Granada. Casa… en realidad no llega a ninguna casa… llega al cuarto del hotel en el que está viviendo desde hace unos diez días. Fuera los zapatos, los calcetines, los vaqueros la camiseta negra con su osito dibujado. En un espejo enorme contempla su cuerpo, hasta cuando… y hasta que punto. Los pechos, las caderas, las nalgas, los muslos… El sujetador y las braguitas al suelo. La melena suelta y la cara de cansada. Abre la puerta del baño y abre el grifo. Vuelve al cuarto y tumbada en la cama escucha la bañera llenarse de agua caliente. Cierra los ojos y al igual que cuando era una niña desea que se llene rápido y que el gel haga un montón de espuma. Pasan cinco, quizás diez minutos y vuelve al baño. Un pie, la pierna, otro pie, otra pierna… se sienta despacio. Quema. Se estira lo que puede… hay suficiente espuma pero no suficiente espacio. Pero moviéndose poco a poco para arribita y para abajito al final todo el cuerpo cabe. En esta postura puede ver sus pechos asomarse a través de la espuma y esconder los lunares de su barriga… y las rodillas tan altas le recuerdan ese juego que hacía de pequeña. Ese de tumbarse en la playa y ponerse unos muñequitos en cima de las rodillas. Uno náufragos ignorando que los islotes en los que habían encontrado la salvación eran en realidad las piernas de una enorme creatura marina.
viernes, 6 de mayo de 2011
domingo, 24 de abril de 2011
Vacaciones, por Laregla De Chargaff.
Los Reencuentros I
Llego por fin y el aire huele exactamente como me esperaba. A tomate frito y albaca… a filete y champiñones, a vino blanco también. Alguien se ha escondido detrás de la puerta… mide más o menos un metro ya… y se descojona que se la oye de lejos… es imposible no delatarla. Los labios de su madre, los ojos de su abuelo… la melenita rubia tiene tirabuzones… ya habla por los codos… igual que su tita. Su hermanita por ahora solo dice “Ngüe” pero se mueve ya muy rápido y ya tiene ganas de andar. Me sonríe continuamente.
Estaba preocupada… pensaba que no iban a querer estar conmigo. Tenía miedo que la mayor no me iba a querer… mientras estuvo conmigo todo el tiempo y un día me dijo: “Non te ne andare Zia, rimani sempre con me”.
Pues no me lo veía venir.
Historias de madres.
A. está embarazada y se ha casado hace 8 días. Se ha casado por amor con un hombre muy bueno, el padre de su niño. Un bebé que han deseado los dos muchísimo. Desde luego que A. lo ha deseado más que su proprio bien.
A. tiene a su útero con un hijo creciendo por dentro y algo malvado creciendo por fuera. Si hubiese decidido curarse probablemente la operación le hubiese impedido ser madre… así que A. ha decidido no curarse y tener un niño primero. Todos los días lucha para cumplir su sueño porque su niño no es lo único que está creciendo… y pronto no habrá más sitio… y habrá que hacer algo… algo drástico… el niño nacerá y ella será madre… madre… una vez.
P. vive muy lejos trabajando en el puesto por el que ha luchado en los últimos 10 años. Ella nunca se casó, solo cometió el error de enamorarse de un imbécil. Un imbécil que, a pesar de todo, le dio algo maravilloso: su niño. Un niño que P. tiene a miles de quilómetros… viviendo con la abuela. Un niño al que P. está dando un presente muy duro, lejos de ella, y todo para garantizarle un futuro mejor. Mejor que el pasado horrible que su padre les dio.
Estas son historias de chicas normales que se han convertido en mujeres valientes. Estas son historias de madres.
Los rencuentros II
Me encanta que vengan a buscarme al aeropuerto. Me gusta bajar del avión con las mariposas en el estomago sabiendo que detrás de las puertas corredizas hay alguien esperándome para llevarme a casa.
Bajo del avión, recorro el túnel, solo llevo equipaje de manos y no tengo que esperar por la maleta… voy directo a la salida… cruzo las puertas. Fuera hay una valla y detrás mucha gente… miro entre las personas… por fin lo veo. Allí está, como un pincel… las mariposa libran mi mejor sonrisa… y los pasos se hacen mas rápido… menos 4 metros, menos 3, 2… suelto la maletita y me lanzo literalmente entre sus brazos. Por fin. Aquí lo tengo. Aquí me tiene. Nos arrastramos hasta la salida… Repitiendo siempre lo mismo: “Qué tal? Como estas? Y qué tal el viaje? Y qué tal todo? Y tu que?”… hasta el aparcamiento… ya está la maletita guardada… un abrazo larguísimo, los labios… las caricias… esas manos que agarran como para constatar que es verdad, que estamos aquí otra vez… por fin, hasta casa hablando de lo que nos hemos echado de menos.
Luego las escaleras, el ascensor… las llaves… que difícil es encontrarlas a veces… “Deja esto… suelta lo otro… ven aquí… cierra la puerta, quítate esto… ahora… ahora si, ahora mejor… te he echado de menos y yo a ti también…” “Quédate aquí, quédate conmigo para siempre y no te vayas a ir nunca jamás”.
sábado, 9 de abril de 2011
A49
La A49 se te puede hacer eterna. Yo la he hecho por lo menos 100 veces… podría decir que me la se de memoria si no fuera por las obras que, cada vez que la cojo, se sitúan en un punto distinto… mareándome.
Cuando dejo las tierras lusas cruzo el puente y grito: “ESPAÑAA!!”. También grito “ITALIAA” cuando aterrizo a Fiumicino… pero en este caso grito por dentro porque me da cosa… en los aviones siempre va más gente… mientras que en mi coche no. Si te soy sincera también grito “PORTUGAL!!” a la ida…
Cuando dejo las tierras Lusas suele ser viernes y normalmente dejo el trabajo atrás por un par de días… me como los km como si fueran las aceitunas antes de la cervecita… me trago la carretera como si estuviese en una piscina ahogándome y la única forma de salvarme fuese beberme toda el agua… piso el acelerador y la DGT lo sabe… ellos se comen mi beca al igual que yo me como los Km…
La A49 me ha visto bajar por ella enamorada, desenamorada, llena de esperanzas, decepcionada, enfadada, eufórica, muerta de sueño a la una de la madrugada más de una vez… pero nunca me ha visto sin ganas…
La A49 no puede conmigo… y la N4 tampoco. Les he demostrado a ambas que me como a las dos una detrás de otra todas las veces que haga falta, 300km de ida y 300km de vuelta. Y lo que más me anima es saber que todos los viernes habrá alguien esperándome, alguien que sepa la razón por la que lo hago, alguien que sepa lo duro que algo así se puede hacer a largo plazo, alguien cuya única prioridad sea aliviar mi enésimo exilio… alguien que por mi haría lo mismo. Es lo que busco, es lo que quiero.
Por alguien así no me trago yo 300km… sino miles… todas las veces que haga falta.