
martes, 21 de septiembre de 2010
dos pescadillas

miércoles, 8 de septiembre de 2010
- soy fan - fan qué? - fantástico

los días son fantásticos cuando una mujer vestida de rojo entra en tu casa con libros para prestarte.
los días son fantásticos cuando la nevera está llena.
los días son fantásticos cuando sigues río arriba la deriva de los pensamientos y descubres que si acabaste deseando comer gofres en un jardin d'hiver fue porque minutos atrás pensaste que había que vaciar el depósito de agua del aire acondicionado.
los días son fantásticos cuando sólo falta un día para aquello.
los días son fantásticos cuando guardas todas las hojas en una carpeta que sabes que no volverás a abrir nunca.
los días son fantásticos cuando sube la marea y baja y vuelve a subir y tienes fotos de todo.
los días son fantásticos cuando te pintas los ojos, te miras al espejo y te los borras.
los días son fantásticos si hay conexión a internet.
los días son fantásticos cuando hablas con tu padre de la tabla de logaritmos vulgares y el te explica y tu te alegras de parecerte a él.
los días son fantásticos cuando recuerdas la existencia de esto*:
jueves, 26 de agosto de 2010
señora de rojo sobre fondo gris
(se abre el telón. la escena se sitúa en la sala de estar de una casa de familia semi-acomodada de la periferia. en ella, una mujer- de mediana-edad-con-gran-miopía pelea con sus parpados mientras hace como que mira la televisión. se oye un sonido de llaves y fémina-desgarbada-con-pelo-raro entra en la pieza. entablan una breve conversación)
MADRENOHAYMASQUEUNA: ¿pero cómo llegas tan tarde?
CRIACUERVOSYTESACARANLOSOOJOS- pues nada, que he estado en casa de los abuelos.
LAMADREYELDELANTALTAPANMUCHOMAL: pues por eso, ¿no ves que tienen que acostarse temprano, que si no tu abuela se desvela y ya no se duerme si no se toma la pastilla?
DETALPALOTALASTILLA: es que nos hemos liado jugando al chinchón y estaba la cosa super interesante.
MADREQUENOCRIANOESMADRESINOTIA: que me digas eso a tus 30 años tiene bemoles.
resumiendo, que según la madre que me parió me estoy convirtiendo en cabeza-de-viejo-cuerpo-de-joven*. y como ya me sospechaba yo algo, debe ser que la jodía tiene más razón que un santo. ¿cómo se explica si no este reciente gusto por el refranero?
*aprovecho la coyuntura para solicitar a tve un aplazamiento de la deuda contraída por fueradejuegoposicional con los señores de muchachada nui en concepto de royalties.
miércoles, 11 de agosto de 2010
una colección de cosas que odio (I): la peluquería
no existe otro lugar así. miento. tal vez la delegación de hacienda. pero en cualquier caso no hay muchos lugares a los que tengas que ir cada cuatro meses a que te destrocen la vida y encima tengas que pagar por ello.
y lo peor es que aparentemente todo es fácil. llegas, les dices que tenías cita a las seis y una señorita de sonrisa amplia y flequillo imposible te pide el abrigo y el bolso. esto último ya debería hacerte sospechar -¿qué persona con buenas intenciones te pide el bolso nada más llegar?- y motivar una honrosa huída a tiempo. pero no. tu educación posveintitresefe se impone y tú le devuelves la sonrisa y les das la chaqueta y la mochila y –tiremos la casa por la ventana- la bufanda. y así, con este acto tan nimio, insignificante, banal, intrascendente, en ese momento, querido, estás cruzando la línea enemiga, metiéndote en la jaula del tigre, entrando en la autopista en sentido contrario, dándote por fucked-up. porque mientras tú crees que sólo les estás dando una chaqueta, una mochila y una bufanda para que una señorita de sonrisa amplia y flequillo imposible las guarde a buen recaudo en un armarito junto a unos lavacabezas, ellos en realidad se están llevando tu autoestima en volandas, para lavarla, acondicionarla, teñirla, rizarla, y finalmente clavarle las tijeras hasta dejarla agonizando en el suelo junto a un montón de pelos muertos, que la amable señorita de sonrisa amplia y flequillo imposible se encargará diligentemente de barrer y hacer desaparecer en el contenedor de basura orgánica y espiritual.
en ese momento tú aún no sabes nada, pero tu cuerpo ya está en tensión y por ello te suda el bigotillo mientras miras revistas con fotografías de modelos danesas con cortes de pelo que a ti no te quedarían bien porque -los fenotipos son así- ellas son guapas y tú no. el caso es que lo sabes, pero en ese momento no te acuerdas y te decides por un corte cuadrado a media altura con flequillo asimétrico y extra de queso. la señorita de sonrisa amplia, que, bien sûr, acaba de salir de la academia de peluquería y que tiene como cliente más satisfecho a su barbie malibú, es quien se va a encargar de la masacre. por supuesto no dejará de sonreír ni un momento, ni siquiera para lanzarte miradas de suficiencia, y no contenta con lavarte el pelo con agua al borde del punto de fusión, engañarte para aplicarte un acondicionador con extracto de perlas del báltico al módico precio de riñón y medio el mililitro, informarte de que tienes canas, extorsionarte para que te hagas mechas, aprovecharse de tus problemas con la asertividad y hacer lo que le salga del ojal y peinarte estilo keith richards, te comunicará que tienes la mirada triste y un color de pelo apagado y sin gracia. gracias las que tú tienes, reina.
cuando ha llegado el final, has hecho de tripas corazón, has sostenido un espejo para mirarte la coronilla mientras dices que te gusta el nido de golondrinas que ahora llevas en la cabeza, te has hecho la tarjeta cliente, les has pagado con muchos -muchos- más billetes de los que te podías permitir y al final te has marchado directamente a casa para lavarte el pelo, evitando en el camino mirarte en los espejos de las tiendas para tratar de olvidar. en casa juras por partida doble. en hebreo y que no habrá próxima vez, que a partir de entonces recurrirás a tu tía, que hizo un año de efepé en el ocheintaicinco y que al menos, te dice que tienes la misma sonrisa que cuando tenías seis años y que cuando termina te da un beso sonoromúltiple en la mejilla que te deja mareado y un poco más contento.
