Mostrando entradas con la etiqueta Cosas que se me ocurren mirando por la ventana del despacho. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Cosas que se me ocurren mirando por la ventana del despacho. Mostrar todas las entradas

martes, 26 de abril de 2011

En caso de incendio romper el cristal, por LDC.

viadeescape

Cosas bonitas en las que pensar.

- Las sonrisas de mis sobrinas

- La alegría en mi familia cuando nos juntamos

-Los amigos… los que están cerca, los que están lejos.

- Las puestas del sol fucsias y los amaneceres violetas

- La pasta italiana, los desayunos andaluces, la cecina leonesa, el cochinillo de Segovia y el bacalao portugués. 

- El Porto, el Ribera del Duero, el Xerez

- El carnaval, las ferias… las  mujeres guapas con el traje de gitana, los caballos, los claveles.

- La playa, las dunas y los pinares.

- La Montaña en primavera.

Cosas bonitas por inventar

- El teletransporte para:

Ir más a menudo a mi casa,

Ir a Asia a ver a P.

Ir a oriente-medio a ver a S.

- Una pedalera emocional

para que la sensaciones agradables hagan waaaauuuunnn en el estomago una y otra vez. 

- La nata montada perpetua

Cosas importantes por hacer

- Cuidar de mi, cuidar de los demás

- Darles las gracias a mis amigos por quererme a pesar de estar completamente chiflada

- Hablar menos, escuchar más

- Aprender a pintar y a escribir… hacer manualidades, ir al mercado, escuchar música, hacer deporte

- El amor.

domingo, 3 de abril de 2011

Ricitos y Loli Vol.6 - Ultima entrega

Ricitos pensó que eso de acariciar la nariz fuese para Loli lo que para el era besar una mejilla en forma de saludo.

Loli siempre lo hacía, todas las veces que le veía. Desde aquel día en el bosque. Desde semanas, todas las tardes, cuando en el laboratorio ya no había nadie, Ricitos abría la ventana… en cinco minutos Loli ya estaba allí para quedarse un rato con él. Ella dejaba el pinar para ir a ver a su amigo especial, y aunque nunca escondió a sus amigos del bosque sus excursiones fuera del parque, nunca les dijo a nadie de quien se trataba… nadie hubiese entendido aquella extraña relación y Loli no quería que nadie se metiese en este asunto. Ya le parecía bastante complicado como para tener que meterse en más líos.

Ricitos y Loli no hablaban sencillamente porque Loli no sabía. Ricitos había intentado utilizar alguna palabra sencilla para comunicarse con ella y en principio el experimento parecía funcionar pero luego entendió que Loli tenía acceso a sus pensamientos más superficiales. Lo descubrió durante los primeros compases cuando Loli hacía que levitasen las cosas que él necesitaba… pensaba en sacar un vaso de precipitado del armario y CHAS… ya estaba el vaso levitando a cinco centímetros de su cara. Ricitos tenía muchísimo miedo de que alguien apareciese durante unas de estas performance de la Loli… pero todavía más miedo le daba la capacidad de Loli de quedarse dormida en cualquier sitio. Una tarde Loli llegó al laboratorio empapada por la lluvia… Ricitos abrió el horno de Pasteur y lo puso en 30ºC para que la pequeña se secara. El pobre Ricitos se fue a hacer cosas y sin darse cuenta volvió a la estufa una hora después. El pobre vio el horno puesto a 180ºC y que ya había alcanzado los 100. En una fracción de segundo pensó que Loli se había dormido, que alguien que no había podido verla la hubiese podido encerrar el horno y darle a los 180. Ricitos en esos instantes se murió de dolor y abrió la puerta recibiendo de golpe el calor. La Loli no estaba. Y mientras él le daba las gracias a Dios por no habérsela cargado, la vio. La Loli se había quedado frita al otro lado del laboratorio, en cima de un montón de separatas…

Pues entre Ricitos y Loli las cosas no iban siempre bien. A veces no se entendían. A veces Ricitos pensaba que Loli ya no fuese a ir y entonces cerraba la ventana cuando a lo mejor ella estaba a punto de llegar… otras veces ella no iba mientras Ricitos se quedaba esperando… Otra veces Ricitos se sentía muy solo debido a la lejanía de su seres queridos y no tenía paciencia por las perrerías de la Loli… que si desaparecían la cosas, que si levitaban, que si ponía una maquina en marcha y ella se la paraba… a veces parecía que no le entendía nada. A veces solo deseaba que aquel bicho se volviera al maldito pinar y no volviese a salir de él… a veces se preguntaba porque había tenido que ir a buscarla… Aun queriéndose, se alejaban muchísimo… luego, no se sabe muy bien como, se volvían a juntar…

…Y mientras tanto las semanas pasaban, al igual que los meses, al igual que los años y para Ricitos por fin había llegado el momento de volver a su tierra y a sus seres queridos. Era un viernes. Ricitos quería despedirse de Loli y explicarle que había llegado el momento de decirse adiós y que nunca hubiesen vuelto a verse… que aun así no la hubiese olvidado que ellos dos eran amigos. Triste, abrió la ventana y justo en este momento le sacaron del laboratorio con una escusa. Sin darse cuenta Ricitos se encontró en un bar en que todo el mundo le abrazaba y besaba, le daban regalos y le invitaban a copas… las horas pasaban y Ricitos no se dio cuenta de la lluvia y de los relámpagos. El guarda del Instituto si se dio cuenta del temporal y fue por todos los laboratorios a cerrar las ventanas. Loli se había dormido entre las separada de Ricitos cuando un olor muy molesto la despertó. Muy molesto, muy intenso, cada vez más fuerte… Loli intentó alcanzar la ventana para salir de allí pero la ventana estaba cerrada… un sueño horrible y malvado podía con ella… mientras se le cerraban lo ojos solo podía ver una luz roja parpadear.

Ricitos pasó su ultimo fin de semana algo resacoso y el lunes fue pronto para el laboratorio para recoger sus cosas. También quería ir a buscar a Loli al bosque. Abrió la porta del laboratorio y no pudo con el olor a xilol y formaldeido, vio la luz roja y entendió:  el temporal había hecho saltar la campana y está se había parado… el aire estaba que apestaba… y entonces, cuando vio la ventana cerrada mientras él la había dejado abierta el corazón sencillamente se le paró. Loli estaba allí a unos centímetros de la ventana. Su piel ya no brillaba… y las membranas de sus alas habían encogido, Ricitos quiso tocarla y cuando lo hizo Loli se pulverizó. En este momento si a Ricito le hubiesen pinchado con una aguja probablemente esta se hubiese roto. Loli se fue sin despedirse… lo mismo debió de haber pensado Loli de él… al igual que el cuerpecito de Loli el corazón de Ricitos se rompió.          

viernes, 25 de marzo de 2011

Loli y Ricitos (Vol.5)

Ricitos, todavía sentado delante de la casita de muñecas por fin tomó una decisión. Decidió volver a acercarse a la ventana y con mucha calma se arrodilló delante de ella. Despacito se acercó y empezó a observar minuciosamente aquel bichito. La piel verde del animalito brillaba como la de unos de esos lagartos tropicales… parecía lisa. El cuerpo, acalorado, era alargado parecía tener piernas y brazos en lugar que patas. La cabeza se caracterizaba por una pequeña nariz y una pequeña boca. Al contrario, los ojos eran enormes, también de color verde, algo parecido a una melena pelirroja enmarcaba unos bonitos rasgos femenino aunque el resto del cuerpo no presentaba ninguna característica que permitiese identificar el sexo del animal. Claramente no se trataba de un mamífero… no podía tratarse tampoco de un reptil. Las alas le confundían, le recordaban a las de una libélula. ¿De que se trataba?. Fuera lo que fuera Ricitos se prometió no contárselo a nadie. Aquella creatura le pareció preciosa y por nada al mundo la hubiese enjaulado o, peor todavía, conservado en un bote con formol.  

Loli volvió a ver a su persecutor aparecer por la ventana. Se había dado cuenta de que se trataba del habitante del extraño nido luminoso al que se había acercado tiempo atrás. Recordó la curiosidad que tenía por aquel bicho y por un lado no le importaba que la hubiese encontrado y que pudiese verla. Lo que si le importaba era el miedo a morirse y lo que más la asustaba era lo que podía albergarse en lo mas recóndito de aquel corazón. Aun así aquellos ojos que la miraban tan a fondo que no parecían querer hacerle ningún daño. Loli llevaba cientos de años siendo hada en la Algaida y nadie nunca había podido verla y el corazón de nadie se le había resistido hasta este momento. Loli decidió confiar en  aquellos ojos y en la curiosidad que no le permitía resistirse a aquella creatura. Pensó que el hecho de que hubiese una barrera, algo parecido a un muro entre sus corazones no tenía que esconder necesariamente algo malo… y el presentimiento de morir… pues hubiese aprendido a librarse de él. Loli se puso de pié y se asomó a la ventana, Ricitos no entendía lo que estaba pasando y volvió a sentarse en la misma postura de antes. Loli pegó un saltito, levitó hasta él, se acerco hasta su cara y con mucha valentía estiro su brazo hasta llegar a tocarle la nariz.

sábado, 19 de marzo de 2011

La fuga de Loli, Vol. 4

Loli se moría de miedo. Nada más meterse en el pinar, justo después de salir del Rio, se había dado cuenta de que algo la estaba persiguiendo. Sabía que se trataba de unos de estos seres que matan animales, cortan arboles y construyen cosas. La forma de correr y de ocultarse entre arbustos y arboles le pareció tan torpe que no podía pertenecer a ningún habitante del bosque.

No le extrañaba el hecho de que él la estuviera persiguiendo, le sorprendía que él pudiese verla. Ser hada le confería tres grandes ventajas: podía volar y hacer que los objetos levitasen, podía leer el corazón de todo aquel que tuviese uno y podía hacerse visible solo para quien ella quisiese.

Cuando se metió en la casita sabía que no había sido una buena elección, que allí estaba atrapada, pero no podía volar más. Estaba cansada.

Se sentó en una esquina y se centró. Empezó a esforzarse para hacerse invisible, para que él no pudiese verla. Miraba hacía fuera y cada neurona de su cuerpo trasmitía el mismo mensaje a todas las células: hazte invisible. De repente una enorme cara se acercó para mirar por la ventana. Loli pensaba que el corazón le iba a estallar. Unos ojos la observaron incrédulos durante unos minutos. Loli se sentía perdida y desesperada… “¿Pero por qué puede verme?” “¿Como lo consigue?”. Aquellos ojos desaparecieron de su vista, se habían alejado de la casita. La Loli temblaba, miraba hacía la ventana y se esforzaba para leer el corazón de aquella enorme creatura que seguía allí fuera, justo a un paso de ella. Nada… sentía muy poco, no tenía acceso ni a la tercera parte de ese corazón.

Aun así pudo sentir algo, aquel ser la iba a matar.               

jueves, 17 de marzo de 2011

La excursión de Ricitos, Vol 3.

Ricitos se había apuntado a la excursión de primavera del Instituto. Todos los años la gente de su nuevo curro aprovechaba el primer jueves soleado de marzo para dar un paseo por el pinar. “Un jueves, claro… porque el viernes hay cervecita”. Total, la campana seguía rota. “Más tiempo fuera del laboratorio, mejor”.

El parque seguía inundado y el pantano pululaba de Artemia salina. Ricitos mira los pequeños crustáceos y deduce que podrían perfectamente alimentarse de larvas de pez por lo grande que estaban. En fin… él nunca había sido demasiado de bichos… lo que pasa es que allí le estaban convirtiendo en algo que nunca había sido.

Desde el puente mira al Rio, luego las dunas… la playa… ¿Como puede ser todo tan llano? Otros paisajes les llegan a la memoria… Otras personas… y el estomago se cierra. 1, 2, 3 segundos. Levanta cabeza, él puede con esto y con mucho más. “No es nada más que otra inversión… está vez de tiempo”. Desde el grupo se oyen risas y jaleo… extranjeros más que naturalizados bromean, por lo menos los compis eran simpáticos. Su mirada vuelve al Rio y a los peces… paciencia… hace falta un poquito de paciencia…

Cansado de mirar a las lizas, decide volver al grupo. Suelta las manos de la barandilla… un paso atrás… y justo un segundo antes de darse la vuelta ve un destello y en seguida otro… luego otro más. Ricito piensa rápido… el grupo está lo bastante lejos como para bajar del puente y acercarse a la orilla. Se esconde detrás de unos arbustos y agachado empieza a observar el movimiento de los destello. Aparecen y desaparece, salen de la superficie del agua, vuelven a meterse en ella… es algo rápido y constante. ¿Algún bicho pescando? No, es demasiado cíclico, repetitivo… tiene que ser un insecto… ya un insecto… ¿un insecto bañándose? ¿Y por qué no desaparece en la boca de alguna liza? ¿Por qué los peces parecen jugar con él?

El destello se mueve hacía él… Ricito se agacha, intenta esconderse un poquito más. El destello le supera pasando a unos metros de su escondite… Ricitos le sigue. Empieza a preguntarse que es lo que está haciendo… lo mal que quedará con los compis por haber dejado la excursión sin despedirse… lo raro que será verle aparecer al instituto más tarde… piensa en todo esto pero la curiosidad por descubrir de que bicho se trata puede con él… a ver si se trata de alguna especie invasora y sale un paper de esta aventura… Se acaba el matorral, el destello se ha metido en el pinar… entre los arboles va a ser complicado seguir al destello sin ser descubierto. De repente ya nada. Ricitos no puede ver nada. Es como si el bicho hubiese desparecido. Ricitos piensa. No, no ha desaparecido… es que se ha escondido… “igual me ha visto. Igual no me ha visto, sencillamente ha llegado a su destino”. Ricitos avanza. Pero que diablos… poco más y tropieza con una estructura rígida… de plástico… “Por favor, ¿que hace en el medio del pinar una casa de muñecas?… algún dominguero… seguro… la trajo para que la niña jugase, se le rompió y la abandonaron… no pensaron en molestarse para sacarla al contenedor… maldito trasto…” Ricitos se ha distraído de su caza al bicho reflejante… piensa que lo ha perdido. O no… o el bicho se ha metido en la casita. Ricitos piensa que está loco, aun así se agacha. Mira por una de las ventanas y no se lo cree. No, no se lo cree. Se sienta, respira y por una vez en su vida no sabe que hacer. Piensa en lo que le diría a un amigo suyo si le hubiese contado que, en esta misma situación, se había marchado. Pues le diría que debería de haber tenido los cojones de quedarse a ver de que se trataba.

Pues sí, esto es lo que hubiera dicho. 

jueves, 3 de marzo de 2011

Ricitos, Vol.2

IMGP2273

Ricitos no veía a través de la ventana. Fuera estaba ya atardeciendo y las luces encendidas del despacho solo le permitían ver su reflejo. Aun así pudo ver un destello. Luego otro. Se acercó al cristal hasta pegar su nariz a la ventana. Que coño… alejó rápidamente su cara del cristal. Su cuello se quedó estirado contra el reposacabezas durante unos minutos, las manos agarradas al sillón. Pensó que quizás fuera hora de que él de mantenimiento subiese a echarle un vistazo a la campana de extracción de gases. Tiró el lápiz y apagó el ordenador. Demasiada horas delante de la pantalla… demasiados archivos .xls, demasiada estadísticas… aunque Ricitos no era de los que se quejan… sus resultados eran siempre estadísticamente significativos…

La Loli, sentada en el salón de su casa de muñecas, asustada perdida no podía quitarse de la cabeza aquellos enormes rasgos. No había visto nada más que una enorme boca y una enorme nariz… pero tenía curiosidad por aquella enorme criatura muda, que no olía, que no hubiese podido distinguir en ninguna otra circunstancia… solo podía volver a acercarse a la ventana para volver a verla. La Loli, respiró profundamente y intentó recordar el camino… voló hacía el edificio blanco.

Bajando por las escaleras Ricitos, ya iba sacando el tabaco. Encendió su cigarro nada más salir por la puerta. Ligero, caminó hacía el coche.

La Loli se acerca al cristal… algo ha cambiado, ya no hay luz en este extraño nido lleno de cosas raras… puede que aquella criatura no viva allí… que solo estuviera de paso.

Ricitos a puntito de encender el motor, tiene un presentimiento. Mira por el retrovisor hacía la ventana de su despacho y nota algo. Sale del coche, corre hacía la puerta, digita el código, entra, sube por las escaleras, llega al despacho, se acerca al cristal…

La Loli piensa que a lo mejor estaba equivocada, quizás fuese otra ventana, ya pero cual? No le quedó otra que darse media vuelta y volver a desaparecer en el pinar.

Ricitos mira a través de su reflejo, no hay nada… maldita campana extractora, malditos ordenadores… que mierda me pasa por la cabeza, por que mierda he vuelto a subir, por que mierda no me he podido resistir… por que he tenido que volver a mirar por la ventana… Maldita sea…

----------

Si alguien estuviese interesado en leer más sobre Loli y Ricitos, por favor, deje un comentario. 

martes, 1 de marzo de 2011

La Loli, Vol.1

pinar

La Loli se acababa de mudar al centro. Para ella y sus amigos el centro era lo más profundo del pinar. Se había ido a vivir en una casa de muñecas. Una casa de muñecas rota que se había encontrado al lado de un contenedor de la basura a pocos metros de la valla de la reserva. Nada más verla supo que aquella hubiese sido su casita para siempre y en seguida le echó en cima un poquito de polvo mágico para que sus  amigos los gorriones la ayudasen a llevarla al bosque.

La Loli llevaba cientos de años siendo hada allí en al Algaida y se alegraba haber sobrevivido a la época en la que algunos gilipollas habían decidido convertir aquello en un vertedero. Los pájaros habían vuelto y ella ya no se sentía sola. Le costaba trabajo volar con los flamenco y las cigüeñas, al igual que la aburrían las perdices… pero con los gorriones lo llevaba bien, con los mirlos no porque arman mucho jaleo y los charranes todo el día pescando, tampoco les parecían interesantes.

La Loli se pasaba el día bañándose en el Rio con las Mojarras y metiéndose con las Lizas… hay que ver las Lizas que feas son… mojoneras, les dicen mojoneras… jajaja… La Loli… era muy buena pero un poco porculera la chiquilla… la pobre…

Un día la Loli, aburrida como una ostra, pensó que quizás dándose otra vuelta por los contenedores hubiera podido encontrar algún complemento para su casita… sin querer se despistó y se encontró en un lugar nuevo, un edificio enorme, to feo, to blanco con muchas ventanas. Atraída por los cristales la Loli se acercó a una ventana y se sentó para mirar lo que había más allá de su reflejo. Fue entonces cuando, con la nariz pegada al cristal, lo vio. Vio su enorme boca, tuvo que retroceder para ver el resto de su cara gigante. La pobre Loli se llevó un susto exagerado y se escapo volando a su casita.