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martes, 14 de diciembre de 2010

Laregla De Chargaff sobre gafes del oficio.

  Que la tapa “A” se suelte y caiga en la dirección indicada por la flecha roja nos confirma que el mecanismo que sujeta susodicha tapa está seriamente dañado… en la eventualidad de que una joven cabeza se encuentre justo en la trayectoria de la caída libre hace que una se acuerde del día en el que dejó de desear ser peluquera para inmolar su mente y su cuerpo al altar de la ciencia… y entonces el hecho de que lleve 11 horas currando y que el dato más significativo del día es que tiene un chichón en la cabeza... le da el derecho de cagarse en la puñetera madre que parió a Watson y Crick.me_cachis....

miércoles, 24 de noviembre de 2010

fondue moitié-moitié


mi tragedia personal se produce de manera sistemática, cuatro veces a la semana, de martes a viernes. una injusticia sin precedentes, una agresión a la dignidad humana, una amenaza al orden natural que me parte en dos, que me desgarra y me lleva a sufrimientos que trascienden lo soportable. manteniéndome en pie a duras penas, tambaleándome, luchando por mantener la consciencia y no derrumbarme, suelo recitar con voz agónica toda una retahila de lamentos que oscilan entre el quejido del soldado que llama a su madre mientras se desangra y la mujer que grita "¿por qué?" ante su casa sepultada por un corrimiento de tierras. y me cuido ante todo de dejar claro que la magnitud de los acontecimientos es tal que quedo eximida de toda acusación de victimismo, sea este egocéntrico o de cualquier otra naturaleza. porque lo que nos ocupa es terrible, es monstruoso, es atroz. lo que me sucede de manera sistemática, cuatro veces a la semana, de martes a viernes es que, agarrénse, madrugo.

comprenderán ustedes que mis desayunos tienen algo de shock postraumático, de duelo y de evaluacion de daños. también tienen mucho de ceño fruncido, vendettas sicilianas y octubres rojos. todo ello exige que me encierre en el lugar más infecto de la casa para tomar el desayuno más triste que puedo encontrar: café de polvos y galletas de posguerra. no hay espacio por tanto para mermeladas y apfelstrudel, para zumos de naranja y daarjeling tea. y mucho menos para la evocación dandy-burguesa que empieza con una magdalena proustiana que hace explotar en tu boca toda la infancia en efervescentes peta-zetas.

en lugar de ello me concentro, de cara al microondas, me concentro, una caja sobre el microondas, me concentro, pongo las galletas de dos en dos, me concentro, una caja de fondue, me concentro, devoro las galletas a pares como a zares, me concentro, caja de fondue que reza "une façon originale et amusante de preparer viande, fromage et chocolat" :::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::la ensoñación llega:

la mesa redonda, las 9 de la noche, el caquelon en el centro y amigos alrededor, el olor a alcohol de quemar ,el queso burbujeante, mezcla perfecta 50%gruyère 50%vacherin, botellas ingentes de vino blanco porque no se bebe agua porque sino te duele el estómago despues porque trae mala suerte, sostenemos los pinchos en alto, llega alguien con una bandeja de despertadores, clavamos los pinchos en ellos, los ensartamos y los hundimos en el queso fundido, los sacamos y soplamos, masticamos y saboreamos, crujen los muelles entre los dientes, el cuarzo realza el sabor del vino, nos reimos y volvemos a sumergir más despertadores, esperamos impacientes que en un momento de descuido a alguien se le desprenda su despertador del pincho y caiga en el caquelon porque eso significa más risas y que podemos obligarle a pagar la foundue o tirarle al lago o darle 40 latigazos. de todas formas, no hay prisa,tenemos toda la noche. mañana nadie tiene que madrugar. nadie.

miércoles, 11 de agosto de 2010

una colección de cosas que odio (I): la peluquería


no existe otro lugar así. miento. tal vez la delegación de hacienda. pero en cualquier caso no hay muchos lugares a los que tengas que ir cada cuatro meses a que te destrocen la vida y encima tengas que pagar por ello.


y lo peor es que aparentemente todo es fácil. llegas, les dices que tenías cita a las seis y una señorita de sonrisa amplia y flequillo imposible te pide el abrigo y el bolso. esto último ya debería hacerte sospechar -¿qué persona con buenas intenciones te pide el bolso nada más llegar?- y motivar una honrosa huída a tiempo. pero no. tu educación posveintitresefe se impone y tú le devuelves la sonrisa y les das la chaqueta y la mochila y –tiremos la casa por la ventana- la bufanda. y así, con este acto tan nimio, insignificante, banal, intrascendente, en ese momento, querido, estás cruzando la línea enemiga, metiéndote en la jaula del tigre, entrando en la autopista en sentido contrario, dándote por fucked-up. porque mientras tú crees que sólo les estás dando una chaqueta, una mochila y una bufanda para que una señorita de sonrisa amplia y flequillo imposible las guarde a buen recaudo en un armarito junto a unos lavacabezas, ellos en realidad se están llevando tu autoestima en volandas, para lavarla, acondicionarla, teñirla, rizarla, y finalmente clavarle las tijeras hasta dejarla agonizando en el suelo junto a un montón de pelos muertos, que la amable señorita de sonrisa amplia y flequillo imposible se encargará diligentemente de barrer y hacer desaparecer en el contenedor de basura orgánica y espiritual.


en ese momento tú aún no sabes nada, pero tu cuerpo ya está en tensión y por ello te suda el bigotillo mientras miras revistas con fotografías de modelos danesas con cortes de pelo que a ti no te quedarían bien porque -los fenotipos son así- ellas son guapas y tú no. el caso es que lo sabes, pero en ese momento no te acuerdas y te decides por un corte cuadrado a media altura con flequillo asimétrico y extra de queso. la señorita de sonrisa amplia, que, bien sûr, acaba de salir de la academia de peluquería y que tiene como cliente más satisfecho a su barbie malibú, es quien se va a encargar de la masacre. por supuesto no dejará de sonreír ni un momento, ni siquiera para lanzarte miradas de suficiencia, y no contenta con lavarte el pelo con agua al borde del punto de fusión, engañarte para aplicarte un acondicionador con extracto de perlas del báltico al módico precio de riñón y medio el mililitro, informarte de que tienes canas, extorsionarte para que te hagas mechas, aprovecharse de tus problemas con la asertividad y hacer lo que le salga del ojal y peinarte estilo keith richards, te comunicará que tienes la mirada triste y un color de pelo apagado y sin gracia. gracias las que tú tienes, reina.


cuando ha llegado el final, has hecho de tripas corazón, has sostenido un espejo para mirarte la coronilla mientras dices que te gusta el nido de golondrinas que ahora llevas en la cabeza, te has hecho la tarjeta cliente, les has pagado con muchos -muchos- más billetes de los que te podías permitir y al final te has marchado directamente a casa para lavarte el pelo, evitando en el camino mirarte en los espejos de las tiendas para tratar de olvidar. en casa juras por partida doble. en hebreo y que no habrá próxima vez, que a partir de entonces recurrirás a tu tía, que hizo un año de efepé en el ocheintaicinco y que al menos, te dice que tienes la misma sonrisa que cuando tenías seis años y que cuando termina te da un beso sonoromúltiple en la mejilla que te deja mareado y un poco más contento.