sábado, 19 de febrero de 2011

Nachete Salta

Nacho conduce por el puente con cuidado. Sabe que no se puede pasar de los 60. Sospecha que realmente el radar no exista… que solo sea una leyenda urbana inventada para que la gente no se estrelle y se muera en las aguas de la bahía. Ya en la autopista Nacho le pisa al acelerador, le gustaría haberse quitado la corbata antes de subirse al coche… y la chaqueta, también. Mira sus manos, mira sus muñecas. Su pulsera de cuero se escapa de debajo de la camisa, desentona con lo gemelos pero allí está. Ya queda poco.

Aparcado el coche sube al piso rápidamente, abre la puerta, pisa el parqué con placer, sonríe, hay lasaña de su mami para cenar. Distraído por la tele, en una mano el tenedor y en el otra el navegador. ¿Donde está “la comedia”? Nacho recuerda la sala por un concierto del Hombre Burbuja, dios, hace años… era algo como una bodega, ¿cerca de la plaza de toros? pues sí puede ser… da igual ya la encontrará…

Empieza el ritual. Las botas, los vaqueros, la camiseta esta noche llevará una “D”, su cazadora de cuero. La pulsera ya no desentona.

Corre por las laberínticas calles de patios, bares y bodegas, deja la plaza de toros atrás, hace amigos por el camino, encuentra el antro. Al fin y al cabo no ha llegado tarde, pide dos botellines y intenta hacer tiempo ganándole un partido de futbolín a una chica… pobre Nacho, está a punto de enfrentarse al mini sistema defensivo más fuerte del mundo; le meten goles desde la portería.

Ya es hora. Llega el fotógrafo, el técnico de sonido, la sala se llena, Nacho está a pocos metros del escenario. Bajo, guitarra… y el bateria? Ya viene. Jo que fuerte que los tres sean hermanos. Ya empiezan.

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