acabo de traer del concesionario-confesionario (no es sólo una asociación fácil sino también verosímil: el vendedor de coches pregunta y tú le cuentas todas y cada una de las razones por las que quieres las lunas tintadas) Mi Flamante Coche Tan Brillante Y Tan Bonito, unidad de desplazamiento personal e intrasferible, criatura celestial creada en 17 días por los discípulos del señor ford, una promesa de independencia como mandan los cánones, mi pedazo de american (bad) dream que no tardará en esclavizarme con cambios de aceite y desvelos nocturnos por si me lo rayan, por si me lo roban, por si me lo violan.
pero por ahora, todo es optimismo y banalidad: - probarse los chalecos reflectantes - pedirle el teléfono a la chica del ordenador de a bordo - jugar al billar con los triángulos de peligro - decidir cual va a ser la primera canción que suene en en la radio
aquí regresan mis desvelos. porque si las embarazadas les ponen mozart a sus bombos con la convicción de que su pequeñuelo será así notario en lugar de asesino a sueldo, la parte más supersticiosa de mi misma no va a dejar al azar el destino de un automovil con tanto potencial como el mío. es en este punto en el que solicito su colaboración:
¿cuál debería ser la primera canción que suene en Mi Flamante Coche Tan Brillante Y Tan Bonito?
hagan sus aportaciones sin miedo porque lo que viene siendo el buen criterio, se les presupone. entre tanto, me mantengo rodando con radio5todonoticias, lo que en sí mismo se me aventura como un augurio de algo. merde.
todo el que ha protagonizado alguna vez el anuncio de el almendro sabe lo que es prodigarse poco por el campamento base y liarse la manta a la cabeza al grito de lascrismasaigaveyumaijar para representar de forma impecable el papel de hijo pródigo, ese que llega y recibe triple ración de besos mejilleros-metralleta y un plato de callos nada más aterrizar.
es un cosquilleo raro, regresar digo, en que lo irreconocible y lo familiar [(Dellat. familiāris). 1. adj. Perteneciente o relativo a la familia. Apl. a pers., u. t. c. s. m. 2. adj. Se dice de aquello que se tiene muy sabido o en que se es muy experto. 3. adj. Dicho del trato: Llano y sin ceremonia. ...] se aúnan, y en ese proceso el cerebro se esponja y el itinerario de la risa boba al lloriqueo es breve y espasmódico. estaría bien, estaría bien todo el pack: dejarse cuidar, dejarse crecer los pelos de las axilas y examinarlos con precisión clínica, jugar al parchís, escuchar cds de los 90 y encontrar un frasco de brummel en un cajón.
estaría bien si a uno no lo secuestrarán los roles familiares, los demonios del pasado, los traumas juveniles y las reposiciones del señor de los anillos. síndrome de estocolmo garantizado, para más inrique. cagüenros.
si la temperatura baja de cuatro grados y el coche chirría para comunicarmelo y justo en ese momento la canción que suena acomoda sus notas para que el pitido entre a tiempo y en perfecta armonía con el resto de los sonidos, es que me refiero a esta noche, pero volviendo hacia atras, el reencuentro con ellas va conforme a lo previsto, con vino y risas y palomitas picantes, hablamos como si nos hubieramos visto también ayer, nos sigue haciendo gracia lo mismo de siempre, hemos cambiado, no tanto, explico lo que hago ahora aunque sepa que miento si bien no esté claro exactamente en dónde, y regreso a casa, en el coche prestado, el que chilla de frío y de miedo a congelarse, y me he equivocado del todo eligiendo el cd porque me deslizo al terreno de bonne nuit tristesse, real o inducido, pero igualmente resbaladizo, y se manifiesta en forma de vacío y carencia afectiva, totalmente física y sudorosa, y no quiero dormirme así, y perec y sus inventarios no me van a sacar del fondo , así que escribo, y doy pena, escribo y desearía estar borracha o enferma, escribo y espero a que alguien me comente, podría suplicar, podría suplicar. suplico.
Cuando descubres que alguien a quien quieres se va (…todavía más…) lejos, te duele en las tibias. No se si es cierto, es una deducción. Es decir: descubres que alguien se va y te duele… ¿por qué (why?) te duelen? porque (because) es probable que le quieras.
Probablemente de un amor más puro y inexplicable de lo que se pueda imaginar. ¿Y sabes por qué? Porque lo primero en que piensas es un conjunto de dos personas: “su madre y su mujer”. A ellas las tibias ya no le duelen… a ellas las tibias ya se les han hecho mazapán. Aunque, lejanamente, comparte con ellas miedos y preocupaciones… que hará… que comerá… quien cuidará de él… voy con él, que no esté solo, que no esté mal, que no le pase nada, Dios, por favor… en definitiva protegerle. Esto por un lado.
Por otro lado te entran ganas de verle, darle un abrazo, un beso en la frente y una bofetada amistosa en la mejilla… mirarle a los ojos y decirle: “¡A por ello!”… darte media vuelta y volver a desaparecer.
Que la tapa “A” se suelte y caiga en la dirección indicada por la flecha roja nos confirma que el mecanismo que sujeta susodicha tapa está seriamente dañado… en la eventualidad de que una joven cabeza se encuentre justo en la trayectoria de la caída libre hace que una se acuerde del día en el que dejó de desear ser peluquera para inmolar su mente y su cuerpo al altar de la ciencia… y entonces el hecho de que lleve 11 horas currando y que el dato más significativo del día es que tiene un chichón en la cabeza... le da el derecho de cagarse en la puñetera madre que parió a Watson y Crick.
si émil durkheim es el padre de la sociología tal y como la entendemos hoy en día, es impepinable que se pase por el arco baleno lo micro y se concentre en lo macro. y así, marcándose un doble axel con salto carpado hacia atrás, escribe un librito con el escueto título de “el suicidio” en el que sostiene que un acto tan individual como el que nos ocupa responde en gran parte a causas sociales. y lo argumenta subido en la tribuna de la estadística, afirmando que si bien existe una predisposición psicológica individual hacia el suicidio, ese plus de determinación, el empujoncito final que hace que caigas desde la cornisa del edificio te lo dan las circunstancias de la sociedad a la que perteneces, y para muestra un botón:
- los hombres casados tienden a quitarse menos la vida que los solteros. dicho de otro modo: cuando vas a dejar una viuda y varios huérfanos te piensas dos veces lo de decir hasta luego lucas. además de que emilio aka el pato durkheim considera que el matrimonio es para los hombres una fuente de equilibrio, sin que ello suponga un gran menoscabo de su libertad (cree sin embargo que para las mujeres el matrimonio supone más bien mucha responsabilidad y poca libertad. tócate los huevos marilole).
- la tasa de suicidios es mayor entre los hombres divorciados que entre las mujeres divorciadas. en la línea del apartado anterior: mientras para muchas mujeres el divorcio supone la recuperación de cierta libertad perdida, la ruptura supone para algunos de ellos entrar en un periodo de indisciplina que puede llevarles primero a la insatisfacción de sus deseos y a continuación a la bañera llena de sangre. marilole, vuélvetelos a tocar.
- en las sociedades protestantes o católicas la tasa de suicidios es mayor que en el seno de las comunidades judías que viven en ese mismo lugar. y ello a pesar de que el judaísmo no prohíbe de forma expresa el suicidio, mientras que sí lo hace el culto católico y protestante. lo que se explicaría así: cuando perteneces a una minoría que se siente amenazada y cuya supervivencia pasa por la cohesión y la solidaridad entre sus miembros, te sientes responsable hacia el grupo y ello frena tus impulsos suicidas. además, usando todo el arsenal de stereo-tipos, vas a la sinagoga, y comercias con diamantes igual que tu padre y tu abuelo, y te invitan a fiestas de esas con pierna de cordero y otras delicias kosher, y seguro que tienes por ahí una prima segunda dispuesta a casarse contigo, y en definitiva, probablemente existan unos lazos sociales más fuertes que te hagan sentirte arropado.
- en épocas de guerra la tasa de suicidios baja. este creo que es mi preferido: cuando son otros los que pueden matarte redescubres el gusto por la vida y te aferras a ella con todas tus ganas.
- y más.
sigue durkheim con una clasificación de los tipos de suicidios (egoísta, altruista y anómico) y de sus relaciones con los factores sociales, y yo iba a terminar el post proponiendo una encuesta macabra en la que nuestros lectores deberían elegir el tipo de suicida que potencialmente llevaban dentro. pero en parte porque temo a que las casualidades se alineen por el lado del fatalismo y acabe sobre mi conciencia la duda de si algo de mi estúpida disertación de mierda tiene mínimamente que ver con la muerte de alguien, cierro mi post antes de que el humor negro se me vaya de las manos.
dicho lo cual, sólo les deseo que cuando se mueran, lo hagan de acuerdo a la siguiente triada: de muerte natural, de viejos y de golpe. y en cualquier caso, que en sus funerales haya montones de personas que no pueden dejar de llorar y de echarles de menos.
Ayer llegó. Pero fue hoy cuando lo abrí. Un correo con un archivo añadido. ¿El emisor?… El fotógrafo. ¿El asunto? “Invitación”.
Abro el correo, leo. Abro los ojos, los abro muchísimo, me esfuerzo. No se me abren más. Creo que no tengo bastantes tejidos en mi cuerpo… de tanto abrir los ojos se me cierra el estomago. No soy la única destinataria. Somos más de cinco, menos de diez. Es decir, no es el típico correo que le mandas a toda la rubrica… pero, gracias a Dios, este correo no es directo a mi en primera persona. Me alegro. En los ultimo 5 años he intercambiado con el fotógrafo no más de 4 correos. Ahora va a exponer durante un mes su obra… y estoy en una lista de invitados a la inauguración del evento. Con tarjeta y todo. Muchas gracias, que honor. Contesto. Gracias, si tuviese la oportunidad de pasarme te llamaría encantada. Traducción: va a ver tu obra Rita la Cantaora, peazo imbécil. Aunque te haya querido y un cajoncito escondido de mi corazón guarde todavía un trocito de amor para ti… no te quiero volver a ver ni en pintura.
a las 8: tiendo la ropa dentro de casa, revivo calcetines y bragas con calefactores de 1000 w, las rebecas de hitchcock oscilando ante el viento delonghi, pinzas de la ropa de todos los colores del arco pantone.
a las 10:
pinto una camiseta con la cara de yuri gagarin, me encierro en el cuarto para que todo el día de mañana sea una sorpresa, lavo los pinceles y sufro atentados terroristas de mi memoria cuando empieza a sonar esto:
Se te quitan las ganas. Pierdes las fuerzas, la esperanza la ilusión. No te apetece hablar, no quieres escuchar, retienes la información por osmosis y en seguida te saturas. Te vuelves insoportable.
Buscas asilo entre los brazos de lo que más te asusta. Buscas a la Soledad, le suplicas que empape tu corazón de indiferencia y egoísmo. Quieres que te haga independiente del resto de los seres humanos. La odias, la evitas, relativizas, levantas cabeza, pero al final siempre acabas llorando en su hombro. Te preguntas: como es posible?
La respuesta es sencilla. Clara como el agua. Realmente no buscas a la soledad. No vas hacía ella. Es que la llevas dentro. Alberga en tu corazón, vive en una herida más antigua de lo que tu mismo puedes imaginar; intentas esconderla, encerrarla… pero ella sube a la superficie con facilidad. Te controla, te hace inestable, te hace huir y te hace más solo todavía. Es un bucle, es una tortura. Es lo que hay.
No intentéis sacarle del bucle, sería como abrir la caja de pandora… dejadle.
Cara amica ti scrivo… cosí mi distraggo un po’ e siccome sei molto lontana piú forte ti scriveró…
Quilla estoy en el curro y tengo “timer” así que lo tengo que hacer rápido…
Ke tu quiere ke tire pal Puerto y le parta la cara a los putos polis?
Ke tu quiere ke me ponga en búsqueda de estos gilipollas ke te secuestraron al japón-mobile?
Ke tu quiere ke tire pal norte pasando pal oeste, saliendo del sur sin excluir el este y le parta a la cara a todo sin vergüenza que te haya tocado las pelotas en los ultimo 20 años?
Pues yo lo hago chiquilla, y seguro que la pola se apunta también… y miyagui si hace falta!!
Me gustaría contaros acerca de mis compañeras polar y Japón S., de las cosas que han aprendido al curso de grabaciones caseras. No, nada de lo que estáis pensando… No grabaron ningún porno casero, claro que no, de hecho yo solo fui a clase una vez… al enterarme que nadie se iba a quitar la ropa en ningún momento lo abandoné, directamente… aun así pude echar unas pistas midi, “tocar” el bajo, mi gran aspiración…
Total, que mis amigas participaron a una versión… (no os voy a revelar la canción… de momento). Ya sabía que la polar tuviese una bonita voz, (polar no tiene nada feo… aunque yo le saqué una foto en el verano ‘08 que el día que me cabree la voy a publicar y se va a cagar…), pero no me imaginaba que pudiera llegar a semejante niveles de penetrabilidad, la voz. En fin…
Echando marcha atrás queridos amigos lectores, os voy a escribir sobre un señor que tocó hace unos lunes en la Sala Supersonic de la Tacita de Plata. Mejor no, no voy a escribir, solo os comentaré que el artista se llama Eric Sardina y que los Mississippi le acompañaban:
Ahora una cursilada… si os habéis fijado bien, seguro que no se os ha escapado que el hombre lleva un cacharrito en el meñique de la mano izquierda (me perdonen mis músicos por si el cacharro tiene un nombre técnico que desconozco). Pues el cacharro ese se le cayó al maromo durante el concierto… pues en la Supersonic normalmente la gente casi se sube al escenario de lo hasta arriba que se puede poner aquello y, justamente en estas circunstancias de apretamiento, una chica tuvo la oportunidad de recoger el cacharrito… él, mas majo que las peseta, sin dejar de tocar, estiró el dedo para que ella se lo pusiera, luego se agarró el sombrero en un gesto de agradecimiento y acto seguido le mandó un beso. Pues yo estaba a 50cm y poco más y me muero de envidia! Aiiiiiiiinnnnssssssssss…..
Merece la pena que le echéis un vistazo a esta visionomía por si a caso os gusta Julio de la Rosa, otro concierto en el que estuvimos el Trío al completo.
No olvidéis de echarle un vistacito también a esta gente… que mola mazo, tronco, jejejejeje!!!
bueno bueno... aviso... me va a quedar una entrada cursi y chunga...
hoy he visto un arco iris. ole que rainbow. un fenómeno celeste. no es tan espectacular. pero lo cierto es que debo de tener algún oso amoroso entre mis ancestros porque, dejando de lado que soy capaz de recordar la primera vez que vi un arco iris (tenía 4 años y me caí de culo de la emoción), han pasado dos cosas:
uno. mi primera casa estaba junto a la calle arco iris. dos. años más tarde acabé viviendo durante muchos años en la "residencial arco iris"
así que si sale uno, me paro en la calle y me rompo la nuca para mirarlo. y así me quedo, en mitad de la acera, un buen rato. del rojo al añil como en barajas. y sí que es cierto eso de que simboliza esperanza o tenermásféqueelalcoyano o eso de the pot of gold at the end of the rainbow porque justo despues me he comprado un décimo de lotería de navidad. el 22720 . si me toca, fueradejuegoposicional invita a caipirinhas en río de janeiro.
mi tragedia personal se produce de manera sistemática, cuatro veces a la semana, de martes a viernes. una injusticia sin precedentes, una agresión a la dignidad humana, una amenaza al orden natural que me parte en dos, que me desgarra y me lleva a sufrimientos que trascienden lo soportable. manteniéndome en pie a duras penas, tambaleándome, luchando por mantener la consciencia y no derrumbarme, suelo recitar con voz agónica toda una retahila de lamentos que oscilan entre el quejido del soldado que llama a su madre mientras se desangra y la mujer que grita "¿por qué?" ante su casa sepultada por un corrimiento de tierras. y me cuido ante todo de dejar claro que la magnitud de los acontecimientos es tal que quedo eximida de toda acusación de victimismo, sea este egocéntrico o de cualquier otra naturaleza. porque lo que nos ocupa es terrible, es monstruoso, es atroz. lo que me sucede de manera sistemática, cuatro veces a la semana, de martes a viernes es que, agarrénse, madrugo.
comprenderán ustedes que mis desayunos tienen algo de shock postraumático, de duelo y de evaluacion de daños. también tienen mucho de ceño fruncido, vendettas sicilianas y octubres rojos. todo ello exige que me encierre en el lugar más infecto de la casa para tomar el desayuno más triste que puedo encontrar: café de polvos y galletas de posguerra. no hay espacio por tanto para mermeladas y apfelstrudel, para zumos de naranja y daarjeling tea. y mucho menos para la evocación dandy-burguesa que empieza con una magdalena proustiana que hace explotar en tu boca toda la infancia en efervescentes peta-zetas.
en lugar de ello me concentro, de cara al microondas, me concentro, una caja sobre el microondas, me concentro, pongo las galletas de dos en dos, me concentro, una caja de fondue, me concentro, devoro las galletas a pares como a zares, me concentro, caja de fondue que reza "une façon originale et amusante de preparer viande, fromage et chocolat" :::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::la ensoñación llega:
la mesa redonda, las 9 de la noche, el caquelon en el centro y amigos alrededor, el olor a alcohol de quemar ,el queso burbujeante, mezcla perfecta 50%gruyère 50%vacherin, botellas ingentes de vino blanco porque no se bebe agua porque sino te duele el estómago despues porque trae mala suerte, sostenemos los pinchos en alto, llega alguien con una bandeja de despertadores, clavamos los pinchos en ellos, los ensartamos y los hundimos en el queso fundido, los sacamos y soplamos, masticamos y saboreamos, crujen los muelles entre los dientes, el cuarzo realza el sabor del vino, nos reimos y volvemos a sumergir más despertadores, esperamos impacientes que en un momento de descuido a alguien se le desprenda su despertador del pincho y caiga en el caquelon porque eso significa más risas y que podemos obligarle a pagar la foundue o tirarle al lago o darle 40 latigazos. de todas formas, no hay prisa,tenemos toda la noche. mañana nadie tiene que madrugar. nadie.
Dalida nació en El Cairo, Egipto, en 1933, sus padres eran italianos. Se fue a Paris en 1954, quería ser cantante. El primer año fue duro pero en seguida llegó el éxito. Dalida fue esposa y amante. En 1966 se enamoró de Luigi Tengo. Él escribió para ella una canción: “Ciao Amore”. Dalida quiso cantarla con él en el Festival de Sanremo, en 1967. La organización en principio no quiso admitirles al concurso, entonces Dalida amenazó al comité organizador del Festival: “Como no nos dejéis participar, a Luigi y a mi, con “Ciao Amore” yo, Dalida, el escenario del Festival de Sanremo no lo vuelvo a pisar”. El comité se acojonó y les aceptó. Desafortunadamente, durante el Festival los jueces del concurso excluyeron a Luigi Tenco y Dalida.
Pocos minutos después de hacer publica la eliminación de la pareja del concurso, Luigi se marchó del salón y Dalida se fue corriendo al hotel a buscar a su novio. Cuando Dalida llegó, Luigi Tenco se acababa de disparar un golpe a la cabeza. Dalida fue quien descubrió el cuerpo sin vida de Luigi.
Por lo menos esta es la historia que me se yo.
“Ciao Amore” es una canción maravillosa. La prefiero en francés porque en italiano no llego ni al estribillo sin que se me salten las lagrimas. Aquí la tenéis.
Nacho vuelve a su casa y antes de abrir la puerta coloca en una esquina del patio la pesadez de un día de trabajo más. Allí fuera, en un rincón, se van a quedar bien ordenados, uno en cima de otro, el stress, las responsabilidades, las prisas, lo que ha hecho y lo que queda por hacer; hasta la mañana siguiente.
Abre la puerta, la vuelve a cerrar detrás de sus hombros y encuentra su casa vacía. Se quita la corbata, la chaqueta, deja sus cosas en cima de la la mesa y se tira al sofá. Cierra los ojos, sueña. Sueña con ella. Lleva toda la vida soñando con “ella”. Todo lo que ha estado buscando por fin tiene cara, alguien que huela a bar por la noche y a pan tostado y zumo de naranja por la mañana. Alguien con quien reírse de si mismo, que se meta con él, que le vacile. Alguien a quien proteger. Nacho se siente feliz.
Dormido, extasiado por el color de sus sueños, seguiría en el sofá si no fuera por el perrito de la vecina, “¡Maldita rata, para de ladrar!”.
Son las nueve de la noche y Nacho se mueve por su casa, de un cuarto a otro constatando los restos de una comida para dos. Cierra los ojos y sonríe.
Algo en el estomago le recuerda que este estado de felicidad tiene un efecto secundario: “echar de menos”; pero Nacho es consciente y lo gestiona, hace como si no tuviera miedo. Sabe que tiene que parecer fuerte, que al fin y al cabo lo es.