me gustaría ser guapa un rato.saber.
saber.
saber cómo es que te quieran y te odien a partes iguales.
me gustaría ser guapa un rato.La A49 se te puede hacer eterna. Yo la he hecho por lo menos 100 veces… podría decir que me la se de memoria si no fuera por las obras que, cada vez que la cojo, se sitúan en un punto distinto… mareándome.
Cuando dejo las tierras lusas cruzo el puente y grito: “ESPAÑAA!!”. También grito “ITALIAA” cuando aterrizo a Fiumicino… pero en este caso grito por dentro porque me da cosa… en los aviones siempre va más gente… mientras que en mi coche no. Si te soy sincera también grito “PORTUGAL!!” a la ida…
Cuando dejo las tierras Lusas suele ser viernes y normalmente dejo el trabajo atrás por un par de días… me como los km como si fueran las aceitunas antes de la cervecita… me trago la carretera como si estuviese en una piscina ahogándome y la única forma de salvarme fuese beberme toda el agua… piso el acelerador y la DGT lo sabe… ellos se comen mi beca al igual que yo me como los Km…
La A49 me ha visto bajar por ella enamorada, desenamorada, llena de esperanzas, decepcionada, enfadada, eufórica, muerta de sueño a la una de la madrugada más de una vez… pero nunca me ha visto sin ganas…
La A49 no puede conmigo… y la N4 tampoco. Les he demostrado a ambas que me como a las dos una detrás de otra todas las veces que haga falta, 300km de ida y 300km de vuelta. Y lo que más me anima es saber que todos los viernes habrá alguien esperándome, alguien que sepa la razón por la que lo hago, alguien que sepa lo duro que algo así se puede hacer a largo plazo, alguien cuya única prioridad sea aliviar mi enésimo exilio… alguien que por mi haría lo mismo. Es lo que busco, es lo que quiero.
Por alguien así no me trago yo 300km… sino miles… todas las veces que haga falta.

Ricitos pensó que eso de acariciar la nariz fuese para Loli lo que para el era besar una mejilla en forma de saludo.
Loli siempre lo hacía, todas las veces que le veía. Desde aquel día en el bosque. Desde semanas, todas las tardes, cuando en el laboratorio ya no había nadie, Ricitos abría la ventana… en cinco minutos Loli ya estaba allí para quedarse un rato con él. Ella dejaba el pinar para ir a ver a su amigo especial, y aunque nunca escondió a sus amigos del bosque sus excursiones fuera del parque, nunca les dijo a nadie de quien se trataba… nadie hubiese entendido aquella extraña relación y Loli no quería que nadie se metiese en este asunto. Ya le parecía bastante complicado como para tener que meterse en más líos.
Ricitos y Loli no hablaban sencillamente porque Loli no sabía. Ricitos había intentado utilizar alguna palabra sencilla para comunicarse con ella y en principio el experimento parecía funcionar pero luego entendió que Loli tenía acceso a sus pensamientos más superficiales. Lo descubrió durante los primeros compases cuando Loli hacía que levitasen las cosas que él necesitaba… pensaba en sacar un vaso de precipitado del armario y CHAS… ya estaba el vaso levitando a cinco centímetros de su cara. Ricitos tenía muchísimo miedo de que alguien apareciese durante unas de estas performance de la Loli… pero todavía más miedo le daba la capacidad de Loli de quedarse dormida en cualquier sitio. Una tarde Loli llegó al laboratorio empapada por la lluvia… Ricitos abrió el horno de Pasteur y lo puso en 30ºC para que la pequeña se secara. El pobre Ricitos se fue a hacer cosas y sin darse cuenta volvió a la estufa una hora después. El pobre vio el horno puesto a 180ºC y que ya había alcanzado los 100. En una fracción de segundo pensó que Loli se había dormido, que alguien que no había podido verla la hubiese podido encerrar el horno y darle a los 180. Ricitos en esos instantes se murió de dolor y abrió la puerta recibiendo de golpe el calor. La Loli no estaba. Y mientras él le daba las gracias a Dios por no habérsela cargado, la vio. La Loli se había quedado frita al otro lado del laboratorio, en cima de un montón de separatas…
Pues entre Ricitos y Loli las cosas no iban siempre bien. A veces no se entendían. A veces Ricitos pensaba que Loli ya no fuese a ir y entonces cerraba la ventana cuando a lo mejor ella estaba a punto de llegar… otras veces ella no iba mientras Ricitos se quedaba esperando… Otra veces Ricitos se sentía muy solo debido a la lejanía de su seres queridos y no tenía paciencia por las perrerías de la Loli… que si desaparecían la cosas, que si levitaban, que si ponía una maquina en marcha y ella se la paraba… a veces parecía que no le entendía nada. A veces solo deseaba que aquel bicho se volviera al maldito pinar y no volviese a salir de él… a veces se preguntaba porque había tenido que ir a buscarla… Aun queriéndose, se alejaban muchísimo… luego, no se sabe muy bien como, se volvían a juntar…
…Y mientras tanto las semanas pasaban, al igual que los meses, al igual que los años y para Ricitos por fin había llegado el momento de volver a su tierra y a sus seres queridos. Era un viernes. Ricitos quería despedirse de Loli y explicarle que había llegado el momento de decirse adiós y que nunca hubiesen vuelto a verse… que aun así no la hubiese olvidado que ellos dos eran amigos. Triste, abrió la ventana y justo en este momento le sacaron del laboratorio con una escusa. Sin darse cuenta Ricitos se encontró en un bar en que todo el mundo le abrazaba y besaba, le daban regalos y le invitaban a copas… las horas pasaban y Ricitos no se dio cuenta de la lluvia y de los relámpagos. El guarda del Instituto si se dio cuenta del temporal y fue por todos los laboratorios a cerrar las ventanas. Loli se había dormido entre las separada de Ricitos cuando un olor muy molesto la despertó. Muy molesto, muy intenso, cada vez más fuerte… Loli intentó alcanzar la ventana para salir de allí pero la ventana estaba cerrada… un sueño horrible y malvado podía con ella… mientras se le cerraban lo ojos solo podía ver una luz roja parpadear.
Ricitos pasó su ultimo fin de semana algo resacoso y el lunes fue pronto para el laboratorio para recoger sus cosas. También quería ir a buscar a Loli al bosque. Abrió la porta del laboratorio y no pudo con el olor a xilol y formaldeido, vio la luz roja y entendió: el temporal había hecho saltar la campana y está se había parado… el aire estaba que apestaba… y entonces, cuando vio la ventana cerrada mientras él la había dejado abierta el corazón sencillamente se le paró. Loli estaba allí a unos centímetros de la ventana. Su piel ya no brillaba… y las membranas de sus alas habían encogido, Ricitos quiso tocarla y cuando lo hizo Loli se pulverizó. En este momento si a Ricito le hubiesen pinchado con una aguja probablemente esta se hubiese roto. Loli se fue sin despedirse… lo mismo debió de haber pensado Loli de él… al igual que el cuerpecito de Loli el corazón de Ricitos se rompió.
Pensaba haber terminado mi ensayo sobre El/la Internet. Pero no… se me acurre algo más acerca del tema y una vez más se lo tengo que agradecer a Mr Dry, una de mis fuentes de inspiración más recurrentes en telecomunicación…
Mr Dry me ha hecho reflexionar sobre el hecho de tener un blog. Pues el Trío Arbitral tiene uno y yo escribo en él porque soy el segundo asistente.
Escribo todo lo que me apetezca, y muy a menudo me pongo en pelotas… emocionalmente quiero decir… me encanta, es la mejor forma de desahogarme. Muchas veces me paso y en parte no me importa hacerlo. Me explico mejor:
Hace unos años, recién llegada a esta maravillosa Península, tuve que mear en la calle. Nunca lo había hecho y no podía de ninguna manera. Por mucho que me escondiese seguía sin poder. Por aquel entonces solía andar con nosotras una chica que era muy amiga mía… pues la tía ya desesperada una noche me dijo: “Mira guapa, ponte a mear como si estuvieras en el campo en el medio de la nada, luego si viene alguien baja la cabeza. Qué te vean el culo no pasa nada, lo que importa es que no te vean la cara y el culo a la vez!” Pues funcionó, lo hice. Desde entonces todos los años en los carnavales lo hago por lo menos una vez… (bueno, este año llevaba un culo de plástico que era incomodo de desmontar y entonces tenía que aguantarme hasta encontrar un servicio apañado).
Escribo y muy a menudo, escribiendo “enseño el culo”. Firmo con un pseudónimo, de manera que a la gente que pone mi nombre en el puñetero google (y me cago en la puta sí que la hay) no les salgan mis barbaridades, es decir “bajo la cabeza”. Por otro lado hay personas que ponen cualquier cosa en el puñetero google y a lo mejor les sale el Outside blog (si no no se explican las visitas desde Estados Unidos, Rusia…). En este caso estoy “bajando la cabeza mientras me miran el culo”. Luego hay una tercera posibilidad, es decir una serie de personas a la que no me importa “enseñar la cara y el culo a la vez”. Estas personas son las que saben mucho sobre mi y que se pueden imaginan lo que no saben… son las que “te he visto el culo y si no lo he visto me lo figuro”. Esta persona conocen mi vida real y mi vida irreal, mi cybervida, mi realidad virtual.
Nacho lee el blog un día si y un día sí. A él le importa lo que realmente me pasa y lo que realmente me pasa actualmente, es nuestra vida juntos. Sabe lo que irrealmente me pasa, mi predilección por el Inspecteur (que por cierto anda desaparecido), mi amor-odio por Dr Freezer y MC, mi amistad con Dry… (que realmente tiene que ser más buena gente que la mar). Sabe lo que me pasa por la cabeza, sabe las cosas de las que no me gusta hablar porque escribo sobre ellas. Por un lado supongo que se alegre de que me desahogue con el blog porque me ha visto explotar… (y no creo que le haya hecho mucha gracia). Y si así no fuera… pues mira, se aguanta muy bien el mamón. Lo que si está claro es que Nacho es una de las personas que saben mucho sobre mi. Cada día descubre algo más… lo mismo me pasa a mi con él. Me gusta que sea así. Soy imperfecta, probablemente soy bipolar, pero es muy probable que sea también por eso que me quiera tanto.
Un abrazo irrealmente real a todos…

Remate - Marie /// Más Allá from Playtime Audiovisuales on Vimeo.
Ricitos, todavía sentado delante de la casita de muñecas por fin tomó una decisión. Decidió volver a acercarse a la ventana y con mucha calma se arrodilló delante de ella. Despacito se acercó y empezó a observar minuciosamente aquel bichito. La piel verde del animalito brillaba como la de unos de esos lagartos tropicales… parecía lisa. El cuerpo, acalorado, era alargado parecía tener piernas y brazos en lugar que patas. La cabeza se caracterizaba por una pequeña nariz y una pequeña boca. Al contrario, los ojos eran enormes, también de color verde, algo parecido a una melena pelirroja enmarcaba unos bonitos rasgos femenino aunque el resto del cuerpo no presentaba ninguna característica que permitiese identificar el sexo del animal. Claramente no se trataba de un mamífero… no podía tratarse tampoco de un reptil. Las alas le confundían, le recordaban a las de una libélula. ¿De que se trataba?. Fuera lo que fuera Ricitos se prometió no contárselo a nadie. Aquella creatura le pareció preciosa y por nada al mundo la hubiese enjaulado o, peor todavía, conservado en un bote con formol.
Loli volvió a ver a su persecutor aparecer por la ventana. Se había dado cuenta de que se trataba del habitante del extraño nido luminoso al que se había acercado tiempo atrás. Recordó la curiosidad que tenía por aquel bicho y por un lado no le importaba que la hubiese encontrado y que pudiese verla. Lo que si le importaba era el miedo a morirse y lo que más la asustaba era lo que podía albergarse en lo mas recóndito de aquel corazón. Aun así aquellos ojos que la miraban tan a fondo que no parecían querer hacerle ningún daño. Loli llevaba cientos de años siendo hada en la Algaida y nadie nunca había podido verla y el corazón de nadie se le había resistido hasta este momento. Loli decidió confiar en aquellos ojos y en la curiosidad que no le permitía resistirse a aquella creatura. Pensó que el hecho de que hubiese una barrera, algo parecido a un muro entre sus corazones no tenía que esconder necesariamente algo malo… y el presentimiento de morir… pues hubiese aprendido a librarse de él. Loli se puso de pié y se asomó a la ventana, Ricitos no entendía lo que estaba pasando y volvió a sentarse en la misma postura de antes. Loli pegó un saltito, levitó hasta él, se acerco hasta su cara y con mucha valentía estiro su brazo hasta llegar a tocarle la nariz.

empiezo. dada una circunferencia a de radio r y una recta b - consecuentemente, de radio ∞ - es posible encontrar una curva c que, siendo tangente a ambas, es capaz de variar su curvatura de manera constante, teniendo en el punto tangente a la circunferencia una radio de curvatura r y en el punto tangente a la recta un radio de curvatura ∞.Loli se moría de miedo. Nada más meterse en el pinar, justo después de salir del Rio, se había dado cuenta de que algo la estaba persiguiendo. Sabía que se trataba de unos de estos seres que matan animales, cortan arboles y construyen cosas. La forma de correr y de ocultarse entre arbustos y arboles le pareció tan torpe que no podía pertenecer a ningún habitante del bosque.
No le extrañaba el hecho de que él la estuviera persiguiendo, le sorprendía que él pudiese verla. Ser hada le confería tres grandes ventajas: podía volar y hacer que los objetos levitasen, podía leer el corazón de todo aquel que tuviese uno y podía hacerse visible solo para quien ella quisiese.
Cuando se metió en la casita sabía que no había sido una buena elección, que allí estaba atrapada, pero no podía volar más. Estaba cansada.
Se sentó en una esquina y se centró. Empezó a esforzarse para hacerse invisible, para que él no pudiese verla. Miraba hacía fuera y cada neurona de su cuerpo trasmitía el mismo mensaje a todas las células: hazte invisible. De repente una enorme cara se acercó para mirar por la ventana. Loli pensaba que el corazón le iba a estallar. Unos ojos la observaron incrédulos durante unos minutos. Loli se sentía perdida y desesperada… “¿Pero por qué puede verme?” “¿Como lo consigue?”. Aquellos ojos desaparecieron de su vista, se habían alejado de la casita. La Loli temblaba, miraba hacía la ventana y se esforzaba para leer el corazón de aquella enorme creatura que seguía allí fuera, justo a un paso de ella. Nada… sentía muy poco, no tenía acceso ni a la tercera parte de ese corazón.
Aun así pudo sentir algo, aquel ser la iba a matar.
Ricitos se había apuntado a la excursión de primavera del Instituto. Todos los años la gente de su nuevo curro aprovechaba el primer jueves soleado de marzo para dar un paseo por el pinar. “Un jueves, claro… porque el viernes hay cervecita”. Total, la campana seguía rota. “Más tiempo fuera del laboratorio, mejor”.
El parque seguía inundado y el pantano pululaba de Artemia salina. Ricitos mira los pequeños crustáceos y deduce que podrían perfectamente alimentarse de larvas de pez por lo grande que estaban. En fin… él nunca había sido demasiado de bichos… lo que pasa es que allí le estaban convirtiendo en algo que nunca había sido.
Desde el puente mira al Rio, luego las dunas… la playa… ¿Como puede ser todo tan llano? Otros paisajes les llegan a la memoria… Otras personas… y el estomago se cierra. 1, 2, 3 segundos. Levanta cabeza, él puede con esto y con mucho más. “No es nada más que otra inversión… está vez de tiempo”. Desde el grupo se oyen risas y jaleo… extranjeros más que naturalizados bromean, por lo menos los compis eran simpáticos. Su mirada vuelve al Rio y a los peces… paciencia… hace falta un poquito de paciencia…
Cansado de mirar a las lizas, decide volver al grupo. Suelta las manos de la barandilla… un paso atrás… y justo un segundo antes de darse la vuelta ve un destello y en seguida otro… luego otro más. Ricito piensa rápido… el grupo está lo bastante lejos como para bajar del puente y acercarse a la orilla. Se esconde detrás de unos arbustos y agachado empieza a observar el movimiento de los destello. Aparecen y desaparece, salen de la superficie del agua, vuelven a meterse en ella… es algo rápido y constante. ¿Algún bicho pescando? No, es demasiado cíclico, repetitivo… tiene que ser un insecto… ya un insecto… ¿un insecto bañándose? ¿Y por qué no desaparece en la boca de alguna liza? ¿Por qué los peces parecen jugar con él?
El destello se mueve hacía él… Ricito se agacha, intenta esconderse un poquito más. El destello le supera pasando a unos metros de su escondite… Ricitos le sigue. Empieza a preguntarse que es lo que está haciendo… lo mal que quedará con los compis por haber dejado la excursión sin despedirse… lo raro que será verle aparecer al instituto más tarde… piensa en todo esto pero la curiosidad por descubrir de que bicho se trata puede con él… a ver si se trata de alguna especie invasora y sale un paper de esta aventura… Se acaba el matorral, el destello se ha metido en el pinar… entre los arboles va a ser complicado seguir al destello sin ser descubierto. De repente ya nada. Ricitos no puede ver nada. Es como si el bicho hubiese desparecido. Ricitos piensa. No, no ha desaparecido… es que se ha escondido… “igual me ha visto. Igual no me ha visto, sencillamente ha llegado a su destino”. Ricitos avanza. Pero que diablos… poco más y tropieza con una estructura rígida… de plástico… “Por favor, ¿que hace en el medio del pinar una casa de muñecas?… algún dominguero… seguro… la trajo para que la niña jugase, se le rompió y la abandonaron… no pensaron en molestarse para sacarla al contenedor… maldito trasto…” Ricitos se ha distraído de su caza al bicho reflejante… piensa que lo ha perdido. O no… o el bicho se ha metido en la casita. Ricitos piensa que está loco, aun así se agacha. Mira por una de las ventanas y no se lo cree. No, no se lo cree. Se sienta, respira y por una vez en su vida no sabe que hacer. Piensa en lo que le diría a un amigo suyo si le hubiese contado que, en esta misma situación, se había marchado. Pues le diría que debería de haber tenido los cojones de quedarse a ver de que se trataba.
Pues sí, esto es lo que hubiera dicho.
Congelar está guay. Me explico, te acabas de pasar cocinando lo que sea justo ese día en el que nadie irá a verte… que haces? Pues congelas… ya descongelaras cuando haya alguien dispuesto a comértelo todo… Ahora que pasa… que hay cosas que no quedan bien a la hora de descongelar. Las cremas de verduras con patatas, por ejemplo, descongeladas quedan fatal… alguien le ha dado vueltas al asunto hasta conseguir que esto no pase. Es imprescindible volver a hervir la crema después de descongelarla para que quede bien… pues en ello estamos… Horas agachadas mirando para Trebujena pelando papas… preparando cremas para congelar y descongelar… haciendo pruebas para ver si ha quedado bien o mal… para ello:
1) Madruga, coge el coche, vete a 1000km de Nacho, échale de menos durante una semana.
2) Calza botas negras hasta la rodilla ponte unos leotardos apretados del mismo color y un jersey gordo para no pasar frío, estilo cat woman con gripe A;
3) Pela papas, prepara cremas, descongela cremas, “testa” cremas…
4) Vuelve a casa cuatro días después, a las 2 de la mañana, con la espalda rota, pero feliz, con el mundo en tu contra pero satisfecha por haberlo dado todo.
A veces para que las cosas vayan bien solo necesitas tener a un buen entrenador.
